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Diseño

Andrés Carne de Res Medellín

June 3, 2019

UNA AMALGAMA DE IDENTIDADES

El nuevo restaurante Andrés Carne de Res Medellín de la marca combina el concepto que desde hace 30 años le ha impreso su socio fundador, Andrés Jaramillo, a su tradicional sede de Chía, en las afueras de Bogotá, con las costumbres propias de la cultura antioqueña.

La marca Andrés Carne de Res, en su proceso de expansión por todo Colombia, sumó una nueva ciudad a su plan y en octubre de 2018 abrió, con su sello característico, su primer restaurante en Medellín, donde se estableció con una amalgama de identidades entre lo que ha sido el concepto excéntrico tan particular por el que se ha hecho conocer su más tradicional sede en el municipio de Chía, a las afueras de Bogotá, y la cultura antioqueña, presente en muchos de los elementos que componen su diseño interior.


María Patricia Castañeda, responsable del diseño interior y concepto de los nuevos restaurantes de la marca Andrés Carne de Res.

La encargada de imprimirle su propio concepto y espíritu al naciente establecimiento de la capital antioqueña, aunque manteniendo un cordón umbilical con la identidad corporativa de la marca, fue la artista plástica María Patricia Castañeda, quien quien desde hace casi dos décadas participó en diferentes áreas de diseño de la marca y hoy junto a su grupo de diseñadores, el equipo de Proyectos ACR y el arquitecto Luis Fique, crean los nuevos restaurantes de la marca, bajo la estética original creada por su socio fundador Andrés Jaramillo.

PARA PENSAR EL SITIO, MARÍA PATRICIA VISITÓ LA CIUDAD PARA “ENTENDERLA, RESPIRARLA, VER CÓMO SE COMPORTABA SU SOCIEDAD, QUIÉNES ERAN LOS COMENSALES Y QUÉ COSTUMBRES TENÍAN”.

Su objetivo era poder diseñar un lugar que si bien era nuevo, tenía que contener el concepto tradicional de la marca, pero con elementos que conectaran con el territorio al que llegaban.

“De una u otra forma me permito fantasear e imaginarme un universo para cada sitio, sin perder los elementos inherentes de la marca, como el corazón”.

Entonces a ese corazón que está en el logo de Andrés, le añadió unas flores que le nacen por sus costados, en un juego con la Feria de las Flores, que es la principal festividad popular de Medellín todos los agostos. Y además, encima de cada mesa va un corazón que en el centro lleva incrustada una leyenda con íconos de la cultura antioqueña: dichos, pueblos, personajes… “No es coherente que un sitio se parezca al otro”, señala.

Otro elemento que es parte de la marca son las tapas recicladas que recubren parte del mobiliario y se repiten en mesas, barandas, barras.

Características del lugar


A El nombre del bar central del lugar se inspiró en Copacabana, un municipio cercano a Medellín.



El restaurante comprende un área aproximada de 2.500 metros cuadrados, y está ubicado en todo el primer piso de un centro comercial en la zona de El Poblado, la más exclusiva de la ciudad. Cuenta con tres ambientes: un espacio interior que funciona como restaurante, bar y discoteca, según la dinámica en el transcurso del día, con una tarima para espectáculos en el centro del escenario; una terraza que mezcla algo de ambiente interno pero conectado con el espacio exterior, y otra zona al aire libre más familiar en una especie de semiparque lineal aprovechando que colinda con una quebrada.


Este es el primer restaurante de la marca en Medellín, la segunda ciudad en importancia de Colombia.

La zona interior está separada del exterior con unos ventanales que poseen unos vidrios insonorizados y unas puertas con esclusas que limitan el ruido que se origina adentro, respetando de esta manera el descanso de los habitantes de unidades vecinas.

Las mesas están divididas por zonas que llevan el nombre de alguna región de Antioquia; la barra, de hecho, se llama Copacabana, para hacer un juego entre copa y el nombre de un municipio cercano a Medellín.

Por supuesto, el restaurante no podía dejar de lado algunas de las excentricidades que lo han caracterizado en su sede principal; por eso, parte del mobiliario que decora el sitio son objetos recogidos literalmente de la calle, incluso algunos por el mismo propietario, Andrés Jaramillo.

La luminosidad, comenta María Patricia Castañeda, la manejan con una intensidad media durante el día pero en las noches la bajan para generar una sensación de más intimidad en cada mesa y un ambiente más cálido y confortable, aunque al momento de la rumba el entorno cambia y la explosión de tonalidades hace presencia para contagiar de alegría a los visitantes.


Autor: Sebastián Aguirre Eastman
Fotografia: Federico Ruíz

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